Un recorrido vivo por el arte y la historia
El Museo Juan de Tejeda invita a descubrir, a través de sus salas, el arte ligado a la Iglesia desde una mirada plural y cercana. Cada pieza cuenta múltiples historias, no solo sobre la fe, sino también sobre las personas que las imaginaron, crearon y atesoraron. Nuestro enfoque pone en el centro al ser humano detrás del objeto, para que cada visita sea también un encuentro con quienes dieron forma a este patrimonio.

La colección: un diálogo entre siglos
Ubicado en una casona del siglo XVII -Monumento Histórico Nacional desde 1941- el Museo reúne tres grandes colecciones: la de la Catedral de Córdoba, la del Monasterio San José y la formada a partir de valiosas donaciones. Entre paredes de cal y canto que conservan el aire de 1600, se resguardan piezas únicas: el imponente Tenebrario para los oficios de Semana Santa, el Señor de la Paciencia proveniente del antiguo Monasterio de Las Catalinas, y un delicado Altar Portátil con talla policromada que refleja la ternura del arte americano. Se destacan además ornamentos litúrgicos, piezas devocionales y obras contemporáneas donadas por artistas, que enriquecen un diálogo vivo entre pasado y presente.

Entre promesas, milagros y poesía
En un solar privilegiado de la Córdoba fundacional, frente a la Plaza Mayor, Juan de Tejeda levantó su casa familiar. Con el tiempo, aquel hogar con ranchería, huerta y espacios para carruajes se transformó en un lugar sagrado: en 1628, Tejeda lo destinó a fundar el Monasterio de las Carmelitas Descalzas y el templo de Santa Teresa, cumpliendo una promesa nacida de un milagro familiar.
Hoy, el Museo se encuentra en el corazón de ese monasterio. Desde el patio del primer claustro, es posible contemplar las torres de la Catedral, tal como lo hacían las monjas de clausura en el siglo XVIII.
El ingreso es a través de un portal único en el país, con reminiscencias andaluzas y portuguesas. Entre celdas antiguas, puertas de madera que dibujan juegos de luz, hornacinas decoradas con flores y granadas, y un patio donde la luz cordobesa juega entre naranjos, bergamotas, palmeras y enredaderas, se respira calma.
Aquí, hace 400 años, nació el primer poeta criollo, Luis de Tejeda, cuyos versos aún parecen susurrar entre estos muros.
Hoy, el Museo se encuentra en el corazón de ese monasterio. Desde el patio del primer claustro, es posible contemplar las torres de la Catedral, tal como lo hacían las monjas de clausura en el siglo XVIII.
El ingreso es a través de un portal único en el país, con reminiscencias andaluzas y portuguesas. Entre celdas antiguas, puertas de madera que dibujan juegos de luz, hornacinas decoradas con flores y granadas, y un patio donde la luz cordobesa juega entre naranjos, bergamotas, palmeras y enredaderas, se respira calma.
Aquí, hace 400 años, nació el primer poeta criollo, Luis de Tejeda, cuyos versos aún parecen susurrar entre estos muros.